miércoles, 8 de febrero de 2012

¿QUIÉN DIJO QUE LOS NIÑOS NO ENTIENDEN?

Fragmento de "Cada uno en su región y Voronoi en la de todos", de Clara Grima, en Amazings.es

Estudié matemáticas, sí, por lo de la belleza suprema, ya saben, a cada uno le da por algo.

Pues bien, todo son risas y geometría computacional hasta que la profesora de tu vástago te pide que vayas a clase a contarle a los niños de 3 años a qué te dedicas.

Claro que existe la opción de decirles que eres profesora, como su ‘seño’ y que enseñas cosas de los números y de los triángulos, cuadrados y círculos. Pero no es eso lo que hago, ¡eso es mucho más difícil!.

Así que, entendiendo que los niños tienen muy clara la proporción directa entre proximidad y pertenencia, me lié la manta a la cabeza y decidí hablarles sobre Diagramas de Voronoi (contando con la experta e inestimable colaboración del padre de la criatura, mi santo, matemático también).

¿Qué es un diagrama de Voronoi?
Pues… es una descomposición de un espacio métrico en regiones, asociada a la presencia de objetos, de tal forma, que en dicha descomposición, a cada objeto se le asigna una región del espacio métrico formada por los puntos que son más cercanos a él que a ninguno de los otros objetos.

Lo que se dice dividir el espacio en tantas regiones como puntos u objetos tengamos de tal forma que a cada punto le asignemos la región formada por todo lo que está más cerca de él que de nadie.

Por ejemplo, si tenemos un conjunto de 8 puntos en el plano euclídeo, su diagrama de Voronoi es una partición del plano de este estilo:



Ante la presencia de un nuevo punto, por ejemplo, el verde en la siguiente figura, es inmediato reconocer cuál de los 8 originales es el más cercano a él. El punto generador de la región en la que ha caído.



Esta propiedad del Diagrama de Voronoi tiene aplicaciones inmediatas, tales como encontrar el ‘restaurante’ de comida rápida de alguna famosa cadena más cercano a tu ubicación, por ejemplo, si andas de paseo por París



Pero, claro, ésta no es la forma, posiblemente, de plantearlo en la clase de tres años. Para ellos lo planteamos como una cuestión de propiedad de caramelos.
«Imaginaos» les dije «que los Lunnis están en el patio del recreo, cada uno en un sitio. Y que de pronto, alguien descubre un caramelo, como en esta figura»



«¿De quién es ese caramelo?»
Como era de esperar todas las respuestas fueron inducidas por la ley de ‘del que esté más cerca’. Pero había dudas entre Lucho (el amarillo), Lublú (el azul) y Lubina (la bruja), que eran los tres más próximos.

Era mi momento.

El diagrama de Voronoi sirve para dividir el patio en regiones, de forma que cada Lunni sabrá que todo lo que esté en su región está más cerca de él que de ninguno de sus amiguitos.
«Vamos a construir el diagrama de Voronoi del patio de los Lunnis, a ver quién se queda el caramelo»



«¡De Lucho!» gritaron todos, algunos arriesgando las paredes de las venitas de sus cuellos. Luego seguimos ‘lanzando’ caramelos en distintas regiones y ellos gritando el nombre del agraciado.
No sé si alguno recuerda algo de aquel día, pero parecían pasárselo bien.


Clara Grima sigue haciendo magia con las matemáticas en http://pequenoldn.librodenotas.com/matiaventuras

miércoles, 27 de abril de 2011

¿FORMANDO MAESTROS?

EL CURRÍCULO DEL NADADOR
Jacques Busquet


     Imagínese una escuela de natación que dedicara un año a enseñar anatomía y fisiología de la natación, psicología del nadador, química del agua y formación de los océanos, costos unitarios de las piscinas por usuario, sociología de la natación (natación y clases sociales), antropología de la natación (el hombre y el agua) y, desde luego, la historia mundial de la natación, desde los egipcios hasta nuestros días.
     Todo esto, evidentemente, a base de cursos magistrales, libros y pizarras, pero sin agua.
     En una segunda etapa se llevaría a los alumnos-nadadores a observar durante otros varios meses a nadadores experimentados.
     Y después de esta sólida preparación, se les lanzaría al mar, en aguas bien profundas, un día de temporal de enero.


miércoles, 30 de marzo de 2011

TENEMOS QUE DESENSEÑAR A DESAPRENDER CÓMO SE DESHACEN LAS COSAS

SOBRE LA ESCUELA


Siempre quiso decir algo. Pero nadie lo comprendió.
Siempre quiso explicar algo. Pero a nadie le importó.
Entonces, dibujó.
Algunas veces solo dibujaba, pero sus dibujos no representaban nada.
Quería grabarlo en la piedra o escribirlo en el cielo.
Se tumbaba en la hierba y miraba el cielo.
Y era solo él, y el cielo y las cosas de su interior que necesitaba expresar.
Y fue después de esto cuando dibujó el cuadro.
Era un bonito cuadro.
Lo guardó debajo de la almohada y no dejaba que nadie lo viera.
Lo miraba, cada noche, y pensaba en él.
Y cuando oscurecía y tenía los ojos cerrados, todavía podía verlo.
Y era todo suyo. Y lo amaba.
Cuando comenzó a ir a la escuela, lo llevó con él.
No se lo enseñó a nadie, era como un amigo.
Era divertido ir a la escuela.
Se sentaba en una mesa cuadrada y marrón
como todas las mesas cuadradas y marrones
y pensaba que deberían ser rojas.
Y su clase era una habitación cuadrada y marrón. Como todas las clases.
Y era pequeña y cerrada y fría.
Odiaba sujetar el lápiz o la tiza con el brazo rígido y los dos pies en el suelo.
Con el profesor controlando y controlando.
Y tenía que escribir números. Y no significaban nada.
Eran peores que las letras, ya que las letras pueden tener significado si las pones juntas.
Y los números eran estrechos y cuadrados, y todo era odioso.
Se acercó el profesor y le habló. Y le dijo
que tenía que llevar corbata como los otros niños.
Respondió que no le gustaba y el profesor dijo
que no le importaba.
Después dibujaron. Y dibujó todo amarillo
porque así era como se sentía esa mañana. Y era bonito.
El profesor se acercó y le sonrió: “¿Qué es esto?” preguntó.
“¿Por qué no haces un dibujo como el de Ken?
¿No te gusta?...” Todo eran preguntas.
Después de esto, su madre le compró una corbata.
Y ya siempre dibujó aviones y cohetes como los demás niños.
Y tiró el viejo cuadro.
Y cuando se tumbaba a mirar el cielo,
era grande y azul, pero él ya no fue el mismo, nunca más.
Su interior se volvió cuadrado y marrón,
y sus manos se hicieron rígidas, y era como todo el mundo.
Y ya nunca volvió a tener necesidad de expresar sus sentimientos.
Lo que tenía dentro había dejado de empujar.
Estaba aplastado. Frío. Como todo lo demás.
De Pike, Greig y Selby: Los derechos de la Tierra. Como si el planeta realmente importara.